18 de diciembre de 2008
noche
durante las noches me apropio de todo al caminar por las calles sin dueño. Comparto los pequeños secretos que crecen con poca esperanza entre los paños de hormigón o las baldosas quebradas, con otros pocos, locos, caminantes nocturnos que en silencio se apropian de todo.
11 de octubre de 2008
sobre mi abuelo _ 1
hoy vi llorar a mi padre por segunda vez en mi vida.
Vi que se le llenaban los ojos de lágrimas cuando me empezó a contar que a mi edad se despertaba soñando que ayudaba a su padre a escapar de la cárcel. Después de un profundo silencio dijo "fueron días jodidos". Me contagió el llanto. Hacía mucho que yo no lloraba, no me acuerdo cuándo fue la ultima vez.
Vi que se le llenaban los ojos de lágrimas cuando me empezó a contar que a mi edad se despertaba soñando que ayudaba a su padre a escapar de la cárcel. Después de un profundo silencio dijo "fueron días jodidos". Me contagió el llanto. Hacía mucho que yo no lloraba, no me acuerdo cuándo fue la ultima vez.
9 de septiembre de 2008
El Final.
me mira con esa cara que vi una vez hace tantos años, y ya sé lo que va a decir. Dirá lo mismo que aquella vez.
Todo está implícito, el fin se acerca aplanador e implacable, es difícil marcar el momento exacto en que el final ah llegado. Tal vez ese momento ya pasó, pues lo que sigue es una sucesión natural de hechos inevitables, como la caída de las fichas de un dominó. O tal vez ese momento esté determinado por el punto final de la oración que se aproxima a sus labios.
Ese es el problema, el no estar seguro de si todo terminó, o si aún vivo montado en la estela del ultimo estertor. La prolongación de este instante se transforma en una necesidad vital, y en una tortura desgarradora.
Mil millones de pensamientos desesperados se atropellan queriendo dar a luz alguna idea. El esfuerzo sobrehumano al que me veo exijido en el vano intento de estirar este momento un segundo más me agota, y caigo rendido ante mis propios negativos pensamientos.
Cegado por el atropellamiento pierdo la orientación y la capacidad de comprender lo que mis sentidos me trasmiten, pero desde algún lugar de la agonizante conciencia que resiste me llega su voz.
- Tenemos que hablar.
Lo dijo. Se acabó.
Todo está implícito, el fin se acerca aplanador e implacable, es difícil marcar el momento exacto en que el final ah llegado. Tal vez ese momento ya pasó, pues lo que sigue es una sucesión natural de hechos inevitables, como la caída de las fichas de un dominó. O tal vez ese momento esté determinado por el punto final de la oración que se aproxima a sus labios.
Ese es el problema, el no estar seguro de si todo terminó, o si aún vivo montado en la estela del ultimo estertor. La prolongación de este instante se transforma en una necesidad vital, y en una tortura desgarradora.
Mil millones de pensamientos desesperados se atropellan queriendo dar a luz alguna idea. El esfuerzo sobrehumano al que me veo exijido en el vano intento de estirar este momento un segundo más me agota, y caigo rendido ante mis propios negativos pensamientos.
Cegado por el atropellamiento pierdo la orientación y la capacidad de comprender lo que mis sentidos me trasmiten, pero desde algún lugar de la agonizante conciencia que resiste me llega su voz.
- Tenemos que hablar.
Lo dijo. Se acabó.
25 de agosto de 2008
Por su seguridad, lo estamos filmando.
El Poeta descubre fascinado los imperceptibles tonos de verde en los amaneceres primaverales.
El Poeta desnuda el alma misma al recitar con sus labios los más puros sentimientos.
El Poeta detiene en sus versos el etéreo momento alboreo del día.
El Poeta cobija al hablar a aquellos cuyas mentes aclaman reposo.
El Poeta vislumbra en la mirada del pobre la riqueza de espíritu.
El Poeta cocina papas fritas con apenas un chorrito de aceite.
El Poeta desnuda el alma misma al recitar con sus labios los más puros sentimientos.
El Poeta detiene en sus versos el etéreo momento alboreo del día.
El Poeta cobija al hablar a aquellos cuyas mentes aclaman reposo.
El Poeta vislumbra en la mirada del pobre la riqueza de espíritu.
El Poeta cocina papas fritas con apenas un chorrito de aceite.
10 de julio de 2008
Reflecciones: 7 usos de la palabra "pedo"
estoy al pedo
estoy en pedo
no me sale ni de pedo
tengo un pedo en la cabeza
me tiré un pedo
esa moto anda como pedo
estoy en pedo
no me sale ni de pedo
tengo un pedo en la cabeza
me tiré un pedo
esa moto anda como pedo
6 de junio de 2008
3 viajes.
Relato de un viaje imaginario:
Viajaban rápidamente, guiados por un itinerario que les gritaba siempre que estaban llegando tarde al siguiente destino.
Tomaban fotos de cada lugar, gracias a sus nuevas cámaras digitales y a sus computadoras portables podían hacerlo infinitamente, y también recogían piedras en cada plaza.
Después de un par de semanas habían aprendido a sacar fotos pensando ya en su siguiente objetivo, y localizando alguna piedrita tirada en el piso. Generalmente las piedritas las encontraban en los rincones oscuros, allí donde la gente no mira por miedo a ver algún secreto escondido.
Al cabo de un mes sus ojos solo veían el visor de la cámara, y las piedritas las encontraban rápidamente con el olfato, donde fuera.
A los dos meses tuvieron que tirar al río una valija llena de piedras que había perdido el sentido y solo estorbaba y enlentecía el viaje.
Cuando volvieron apenas reconocieron sus casas y a sus parientes, pero al final lograron convencerse de que aquello era el hogar.
Al ver las fotos se emocionaron, y se prometieron visitar aquellos lugares... algún día.
Relato de dos viajes reales:
La noche del jueves pasado al viernes vajé a BsAs.
La noche del viernes me engripé y pasé todo el fin de semana en cama, así que lo único que vi de BsAs. fue el camino del Buquebus a lo de mi prima, porque el domingo denoche volví a Montevideo.
El lunes lo pasé en cama, así que por aburrimiento me puse a ver álbumes de fotos viejas. Entre otras cosas encontré las de mi cumpleaños de primero de liceo.
Nunca festejé mis cumpleaños, esta fue una de las pocas veces, y no tengo idea del por qué lo hice. Sospecho que sería para sociabilizar con mis nuevos compañeritos, pero quién sabe qué pasaría por la cabeza de aquel gordito con pocas luces que era yo a los 12-13 años.
Ese año cometí un error que comete todo el mundo alguna vez en su vida: Mezclar en un mismo ambiente personas de ambientes diferentes. Invité también a mis amigos de la escuela.
En una de las fotos, en la que aparecíamos todos los presentes en el cumpleaños, lo vi a Julio, mirando la cámara desde una segunda fila, medio tapado por el hombro de alguien de mayor estatura que él.
Julio era uno de mis 4 grandes amigos de la escuela. El cabeza, Ernesto, Julio y yo nos pasabamos los recreos enteros charlando de lo que fuera, jugando a la arrimadita o participando en los caóticos torneos de guerra de caballitos, en los que participaba toda la generación, y donde Ernesto y yo eramos campeones indiscutibles.
Julio era un tipo muy tranquilo, aunque me acuerdo de una vez que se trenzó a piñas con un tal M.B. y lo tapó a tortazos. Aparte de eso, un tipo muy tranquilo e inocente, al que alguna vez tomaban el pelo sabiendo que no habría consecuencias.
La ultima vez que lo vi en mucho tiempo fue en aquel cumpleaños.
Una vez en un 104 me encontré con Ernesto, y como no podía ser de otra forma, nos pusimos a hablar de aquellos tiempos. Me contó que del Cabeza no sabía nada, pero que Julio había estado metido en drogas hasta el cuello, robando para comprarlas y pasando alguna noche en la comisaría. Después de eso se metió al pare de sufrir, hasta que lo echaron por entrar "al templo" bajo los efectos de alguna cosa, peleandose a gritos con todo el mundo. Aparentemente no les interesó exorsisarlo a él.
A Ernesto lo volví a ver muchas veces por amigos en común, del cabeza no volví a saber nunca nada y a Julio lo volví a ver una vez.
Ese día yo iba distraido sentado en un 142, cuando alguien apoyó una estampita en mi falda. El que me daba la estampita era dueño de un rostro flaco y demacrado, con ojos celestes, redondos, saltones y fríos. El pelo largo y sucio, rubio, y una barba de un par de días sin afeitar. Me pidió una moneda y me di cuenta,
era mi amigo
Julio.
Viajaban rápidamente, guiados por un itinerario que les gritaba siempre que estaban llegando tarde al siguiente destino.
Tomaban fotos de cada lugar, gracias a sus nuevas cámaras digitales y a sus computadoras portables podían hacerlo infinitamente, y también recogían piedras en cada plaza.
Después de un par de semanas habían aprendido a sacar fotos pensando ya en su siguiente objetivo, y localizando alguna piedrita tirada en el piso. Generalmente las piedritas las encontraban en los rincones oscuros, allí donde la gente no mira por miedo a ver algún secreto escondido.
Al cabo de un mes sus ojos solo veían el visor de la cámara, y las piedritas las encontraban rápidamente con el olfato, donde fuera.
A los dos meses tuvieron que tirar al río una valija llena de piedras que había perdido el sentido y solo estorbaba y enlentecía el viaje.
Cuando volvieron apenas reconocieron sus casas y a sus parientes, pero al final lograron convencerse de que aquello era el hogar.
Al ver las fotos se emocionaron, y se prometieron visitar aquellos lugares... algún día.
Relato de dos viajes reales:
La noche del jueves pasado al viernes vajé a BsAs.
La noche del viernes me engripé y pasé todo el fin de semana en cama, así que lo único que vi de BsAs. fue el camino del Buquebus a lo de mi prima, porque el domingo denoche volví a Montevideo.
El lunes lo pasé en cama, así que por aburrimiento me puse a ver álbumes de fotos viejas. Entre otras cosas encontré las de mi cumpleaños de primero de liceo.
Nunca festejé mis cumpleaños, esta fue una de las pocas veces, y no tengo idea del por qué lo hice. Sospecho que sería para sociabilizar con mis nuevos compañeritos, pero quién sabe qué pasaría por la cabeza de aquel gordito con pocas luces que era yo a los 12-13 años.
Ese año cometí un error que comete todo el mundo alguna vez en su vida: Mezclar en un mismo ambiente personas de ambientes diferentes. Invité también a mis amigos de la escuela.
En una de las fotos, en la que aparecíamos todos los presentes en el cumpleaños, lo vi a Julio, mirando la cámara desde una segunda fila, medio tapado por el hombro de alguien de mayor estatura que él.
Julio era uno de mis 4 grandes amigos de la escuela. El cabeza, Ernesto, Julio y yo nos pasabamos los recreos enteros charlando de lo que fuera, jugando a la arrimadita o participando en los caóticos torneos de guerra de caballitos, en los que participaba toda la generación, y donde Ernesto y yo eramos campeones indiscutibles.
Julio era un tipo muy tranquilo, aunque me acuerdo de una vez que se trenzó a piñas con un tal M.B. y lo tapó a tortazos. Aparte de eso, un tipo muy tranquilo e inocente, al que alguna vez tomaban el pelo sabiendo que no habría consecuencias.
La ultima vez que lo vi en mucho tiempo fue en aquel cumpleaños.
Una vez en un 104 me encontré con Ernesto, y como no podía ser de otra forma, nos pusimos a hablar de aquellos tiempos. Me contó que del Cabeza no sabía nada, pero que Julio había estado metido en drogas hasta el cuello, robando para comprarlas y pasando alguna noche en la comisaría. Después de eso se metió al pare de sufrir, hasta que lo echaron por entrar "al templo" bajo los efectos de alguna cosa, peleandose a gritos con todo el mundo. Aparentemente no les interesó exorsisarlo a él.
A Ernesto lo volví a ver muchas veces por amigos en común, del cabeza no volví a saber nunca nada y a Julio lo volví a ver una vez.
Ese día yo iba distraido sentado en un 142, cuando alguien apoyó una estampita en mi falda. El que me daba la estampita era dueño de un rostro flaco y demacrado, con ojos celestes, redondos, saltones y fríos. El pelo largo y sucio, rubio, y una barba de un par de días sin afeitar. Me pidió una moneda y me di cuenta,
era mi amigo
Julio.
11 de mayo de 2008
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